6 razones por las que amo amamantar

Mi hija, de momento, tiene una fase en la que le parece muy divertido morderme en el pezón mientras toma su chichi ¡ouch! Y cuando lo hace me ve con una mirada muy provocadora y se ríe porque no puedo reprimir un pequeño grito de dolor. Pero como siempre me repito: es solo una fase, es solo una fase. A pesar de eso, creo que no pasa ni un día en él que no esté feliz por esta relación de lactancia materna que tenemos. Amo amamantar y eso no solo por las razones obvias. Claro que podría escribir un largo texto sobre los beneficios que tiene la leche materna para sus bebés.

Sabías por ejemplo:

  • Que tu leche siempre se adapta a las necesidades de tu bebé en cada etapa (su composición no solo cambia con la edad de tu bebé, también cambia en el transcurso de cada toma y es diferente en el día que en la noche)
  • Que tu leche le transmite a tu bebé hormonas que le ayudan a regular su ritmo de sueño-vigilia
  • Que una cucharada de leche materna contiene aproximadamente 3,000,000 de células vivas que benefician al sistema inmunológico del bebé (y si tu bebé se enferma, tu cuerpo puede producir justo los anticuerpos que necesita y tu bebé los ingiere con la leche)

O sabías qué, en mujeres que amamantan a sus bebés:

  • La matriz recupera más rápido su tamaño normal después del parto
  • El riesgo de sufrir una depresión postparto es menor
  • A largo plazo se reduce el riesgo de padecer cáncer de mama, diabetes, osteoporosis, artritis o enfermedades cardiovasculares

Mamá amamantando a su bebé

6 razones por las que amo amamantar

Pero no voy a profundizar más ahora, porque sobre estos temas ya hay muchos libros y artículos científicos. Los 6 puntos, del porqué me encanta amamantar, que les quiero compartir hoy son algo más personales y triviales, pero talvez alguna de ustedes mamás se puede identificar también.

1. Amamantar es tan práctico

Soy una persona un poco floja y en este punto la lactancia materna de verdad me conviene. Nada de comprar leches en polvo y lavar biberones. Simplemente abro mi blusa y ya. Esta ventaja la valoro especialmente en la noche. Solo de imaginarme que me tendría que levantar varias veces en la oscuridad para calentar agua, mezclar la leche, esperar que se enfríe y después darse el biberón a mi hija ya me crecen las ojeras. Emily tiene 15 meses de edad y aún se despierta cada 2-3 horas en la noche. No obstante me siento bien relajada en la mañana, porque como practicamos el colecho, cuando empieza a moverse solo la jalo hacia mi pecho, empieza a succionar y después de unos traguitos se duerme de nuevo.

Aparte de las noches, también cuando estoy fuera de casa con ella, me parece una maravilla, siempre tener su comida favorita “a la mano”, a la temperatura perfecta y lista para servir. Especialmente en nuestro viaje en avión a Alemania cuando ella tenía 9 meses de edad, la lactancia me fue de gran ayuda. De regreso a México nuestro avión tuvo problemas técnicos y tardamos alrededor de 50 horas en llegar a nuestro destino. En todo este tiempo, en las diferentes ciudades, aeropuertos y aviones en nuestro camino, nunca me tuve que preocupar por encontrar un lugar donde vendieran papillas o leche en polvo. A pesar de que ya habíamos empezado con la alimentación complementaria, sabía que mi leche le iba a dar todo lo que necesitaba en estos días de viaje (aunque ella también era muy curiosa por probar la comida en los diferentes bufetes de los hoteles en donde nos quedamos por cuenta de las aerolíneas).

¡Y pues la leche materna es gratis! A veces me parece una locura que justo en un país como México, en donde hay tanta pobreza, la gente gaste tanto en leche de fórmula. Hay mucha desinformación sobre este tema, promovida por empresas que quieren vender sus productos. Sé que al principio muchas mujeres tienen varias dudas y puede haber complicaciones para empezar con la lactancia, pero en este caso les doy un consejo: Inviertan un poco de dinero en una consulta con una asesora de la lactancia. Cuesta mucho menos de lo que tendrían que gastar en fórmula si no le dan un chance a la lactancia materna.

2. Me da unas pausas durante el día

Confesándoles este punto me siento un poco egoísta, pero las mamás también somos personas. Estar todo el día con un bebé o un niño pequeño es hermoso, pero también cansa mucho. Por eso estoy muy agradecida de tener estas pausas cuando me siento con mi hija en el sofá o nos acostamos un ratito en la cama, para darle su chichi y también cerrar mis ojos por unos minutos. O simplemente verla comer, sin tener que hablar, cantar o construir torres de juguetes. O contestar un mensaje en WhatsApp que no me había dado tiempo antes (jaja, ya sé, es una mala costumbre).

3. Es la forma más fácil de dormir a mi hija por las noches

La leche materna contiene somníferos naturales. En la noche tiene una concentración elevada de triptófano. Este aminoácido es transformado por nuestro cuerpo en serotonina, la hormona de la felicidad, la cual nos hace sentir más tranquilos y contentos. Además la serotonina se convierte en melatonina, la hormona del sueño, que ayuda a los bebés a dormir.

Por comodidad, hasta ahora, nunca hemos intentado cambiar el ritual de dormirla en las noches. Desde que nació, cada noche se ha dormido a mi lado tomando su chichi (con unas excepciones por supuesto, como cuando ya se duerme antes en brazos, rebozo o en el carro). Simplemente es la forma más fácil para nosotros y no veo la necesidad de cambiar esa costumbre. Durante su primer año y tres meses de vida, recuerdo muy pocas noches (por ejemplo cuando tuvo un resfriado o se sentía mal por alguna otra razón) en que la tuviéramos que cargar, meciendo y cantando para que se tranquilizara. La lactancia siempre ha sido mi mejor aliada para inducirla al sueño.

Mamá amamantando a su bebé

4. Puedo comer mucho sin engordar

Normalmente dicen que las embarazadas comen como locas. Es verdad. También durante mi embarazo hubieron muchos días en que me levanté a las 5 de la mañana para buscar algo de comer en el refrigerador; y tenía varios antojos (no quiero saber cuántos litros de chocomilk tomé en estas semanas). Pero la realidad es que aún ahora que estoy lactando como mucho más que antes de la maternidad. Tengo hambre casi todo el tiempo y noté que, en algunos restaurantes, ahora como casi el doble que antes. Bueno, intento comer bien y balanceado, pero no siempre lo logro y normalmente ya hubiera subido muchos kilos con esta dieta tan rica. Pero como estoy produciendo mucha leche para otro ser, ya bajé a mi peso de antes del embarazo sin ningún esfuerzo. ¡Qué viva la lactancia!

5. Me hace sentir más conectada con la naturaleza

Este punto puede sonar un poco raro y talvez lo es, pero me gusta esa sensación salvaje que produce la lactancia. Vivimos en un mundo tan desarrollado en tecnología y concreto, viajamos en carros y aviones, comemos alimentos procesados y la realidad se vuelve cada vez más digital. En todo este ambiente frenético y artificial, le estoy dando a mi hija de comer de la misma manera en que lo hicieron las mamás de la Edad de Piedra, de la misma manera en que lo hacen los monos, las leonas y cualquier otro mamífero. Me hace sentir más unida con la tierra, back to the roots, como se dice en inglés (de vuelta a las raíces).

6. Nos hace felices a mi hija y a mí

Amo amamantar simplemente porque se siente bien. Por un lado están las hormonas otra vez jugando su papel en ese punto. Durante el acto de la lactancia cantidades altas de oxitocina son liberadas en el torrente sanguíneo de la mujer. Esta “hormona del amor” intensifica la unión entre madre e hija, en mi caso. De verdad es una sensación muy placentera y muchas veces cuando me sentí un poco estresada, noté como me calmé mientras estaba amamantando a mi bebé.

Y al mismo tiempo veo como Emily disfruta tomar su lechita, amo los lindos sonidos que hace cuando me pide, su pequeña risa cuando ve su chichi. Estoy orgullosa de haberla nutrido ya por muchos meses. La veo creciendo, cada día más grande y un poco más independiente. La siento muy segura de sí misma y estoy convencida de que la lactancia es muy importante en esta relación de apego que tenemos. Sé que no va a depender de mí para siempre, como dicen muchas voces críticas sobre la lactancia prolongada. Al contrario, sé que esa seguridad que le damos en estos primeros meses y años de vida, harán de ella una persona fuerte, que siempre podrá confiar en su mamá y su papá.

Amamantar es una forma sublime de comunicación no verbal con mi bebé. Amamantar para mí es una forma maravillosa de amar y ser felices.

Mamá amamantando a su bebé

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