Como Emily nació en secreto

Estaba en la semana 39 de embarazo cuando tuvimos la última cita con nuestro ginecólogo Edgar. Todo parecía muy bien con la bebé y nos regaló otra foto bonita del ultrasonido. Edgar también me examinó y nos explicó que el cervix ya estaba blando, pero todavía cerrado. En su opinión el parto podría comenzar en cualquier momento y estimó que probablemente iba a nacer el próximo fin de semana. Eso sí nos sorprendió un poco. Después de la cita todavía fuimos a la plaza y en el camino de regreso vimos la luna llena, que brillaba dorada en el cielo. Dijimos: “Tal vez nazca esta noche”, pero en realidad no creía en el rumor de que nacen más bebés en las noches de luna llena. Alrededor de las 10 pm nos fuimos a dormir.

A la una y media más o menos, me levanté para ir al baño (como de costumbre en mi embarazo). En el momento en que salí de la cama, un líquido caliente bajó por mis piernas al suelo. Estaba alarmada de inmediato. ¿Podría ser líquido amniótico? ¿O sufría de incontinencia por el embarazo? Sin embargo, el líquido incoloro no olía a orina. Desperté a Juan y no estábamos seguros de qué hacer. Decidí volver a la cama y descansar más, como todavía no tenía dolores. Poco después, no obstante, comenzaron las primeras contracciones, aún no muy dolorosas, pero ya a intervalos regulares de cinco minutos. Así que parecía que realmente había empezado.

Ya no podía dormir y decidimos llamar al ginecólogo. Pero Edgar no contestó el teléfono. Bueno, era en medio de la noche, así que lo intentamos una y otra vez, pero nunca contestó. Entonces llamé a nuestra Doula Perla, que me dijo que debía permanecer tranquila, anotar las contracciones y seguir llamando a Edgar, para que él me pudiera examinar. Pero como él seguía sin contestar, comenzamos a empacar las cosas para el hospital. Juan todavía bajó música para el parto en un USB y yo comí un poco de yogur. Me sentía emocionada, pero muy positiva, estaba contenta de lo que estaba por venir y en el fondo estaba bien relajada.

Las contracciones eran cada vez más fuertes. Llamé a mi mamá en Alemania para decirle que pronto iba a ser abuela. Una vez más llamé a Perla y ahora ya tenía problemas para hablar normalmente durante las contracciones, tenía que concentrarme cada vez más y el dolor aumentaba. Después de bañarme las contracciones ya estaban a intervalos de dos a tres minutos y decidimos que era tiempo de ir al hospital. Le avisamos a Perla, Edgar no contestaba.

El viaje en el coche fue bastante incómodo, especialmente por todos los topes y baches que adornan las calles de Tuxtla. Todavía pensamos en sacar dinero en el cajero para pagar el depósito del hospital, pero quería ir a la clínica lo más rápido posible, ya que las contracciones estaban más y más intensas. A las cinco y media llegamos al hospital, casi junto con Perla. Estaba tan contenta de verla. Me llevaron a nuestra habitación, la Claude Monet Suite. Esa de verdad es muy bonita, con una vista sobre las luces de la ciudad, aunque en ese momento no estuviera interesada en eso en absoluto.

La mayor parte del parto la pasé sobre una pelota de ejercicio en el baño. El agua caliente se sentía muy bien y ayudaba contra el dolor. Me movía hacia arriba y abajo y hacia adelante y atrás para aflojar mi cadera y respiraba con regularidad. Entre las contracciones bebí mucha agua y comí rodajas de manzana que me pasaban Perla y Juan. Las contracciones eran bastante fuertes ahora y me agarré del barandal de la ducha. No tenía ningúna noción del tiempo, solo pasaba de una contracción a la próxima, tratando de concentrarme. En general eso funcionó muy bien, Juan y Perla eran un gran apoyo para mí. De vez en cuando, por cierto, pensaba que tentador sería pedir una anestesía epidural ahora e incluso entendí a las mujeres que quieren una cesárea. Pero en ningún momento consideré esto seriamente. Estaba decidida a traer a mi bebé con mis propias fuerzas y completamente natural al mundo.

Durante las pausas entre las contracciones me sentía bien cansada y me hubiera gustado simplemente acostarme un par de horas para después continuar con el parto. Pero esto por supuesto no era posible, el nacimiento progresaba constantemente. Las contracciones eran muy fuertes ahora, todo mi cuerpo estaba temblando. Era una fuerza tremenda que pasaba por mí y tenía problemas para mantener mis pies en el piso. En cada contracción cerraba los ojos, me enfocaba en mi misma y no los abría hasta que había terminado la contracción. Perla me pidió que me tocara para ver si podía sentir la cabecita. Estaba un poco insegura. Había algo bien suave y húmedo, pero ¿podría eso ser la cabeza? Cuando me examiné de nuevo más tarde, estaba segura de que era la cabeza de mi bebé, una sensación increíble.

Llegó el momento en que sentí el impulso de empujar. Me toqué otra vez y la cabeza ya estaba muy abajo. Dije emocionada, “¡Ella viene!” y no estaba segura de qué hacer ahora. El hospital nos había explicado que la última fase del parto debía ocurrir en el quirófano, algo que no quise en absoluto. Perla reaccionó rápidamente y me instruyó ir a la cama. Así me subí a la cama en posición de cuatro puntos y me apoyaba en unas almohadas. Entonces empecé a empujar y sentía como la pequeña bajaba lentamente.

De repente, nuestro ginecólogo Edgar entró en la habitación. Había descubierto 21 llamadas perdidas en su celular. Observó brevemente la situación y vio que todo iba bien, así decidió salir de la habitación y no interrumpir el proceso natural. Ya de verdad quería que naciera, para ya no tener que ir al quirófano. Pero esto probablemente no hubiera sido posible de todos modos. En la siguiente contracción, sentí la pequeña cabeza salir. Juan gritaba muy excitado detrás de mi. Me concentré de nuevo en las contracciones y con la siguiente llegó un hombro y un brazo y con la última el resto del cuerpecito. ¡Lo había logrado! ¡Lo habíamos logrado! ¡Emily Celeste había nacido! Y eso apenas unas seis horas después de que se había roto la fuente. Juan tomó a la bebé en sus brazos y me la puso en mi pecho. ¡Nuestra pequeña bebé! Era hermosa!

Primero lloró un poquito, luego nos miró con sus atentos ojos grises azulados. Y nosotros la miramos a ella y estábamos dominados por la felicidad. Pronto la puse en mi pecho y empezó a chupar un poco. Todo este tiempo todavía estábamos conectadas con el cordón umbilical. Este fue cortado por Juan después de que había dejado de pulsar. Finalmente nació también la placenta que había alimentado a Emily durante los últimos nueve meses.

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Mirando hacia atrás me siento tan agradecida de que pude vivir un parto tan hermoso e intenso. Casi parecía un parto en casa, sólo que pasó en un hospital. Un parto sin médico, sin cardiotocografía, sin sello venoso, sin analgésicos, sin examinaciones del cervix, sin intervención ni alteración. En todo el trabajo de parto ni una vez me acosté de espaldas en la cama, pero siempre podía moverme libremente como se sentía bien para mí. El cuidado personal de nuestra Doula de verdad valió oro y puedo recomendar esto a cada mujer.

Después de todo el estrés de las semanas anteriores, buscando un lugar adecuado para tener un parto humanizado, todo fue perfecto. Emily decidió venir al mundo 10 días antes de la fecha estimada, nuestro ginecólogo había puesto en silencio su celular por la noche y así nadie nos pudo llevar al quirófano, como el hospital lo había exigido. Así que Emily llegó al mundo en secreto en la Suite Claude Monet.

El personal del hospital no notó nada al respecto. En efecto Juan tuvo que salir y firmar durante el trabajo de parto, que si nuestro ginecólogo no venía pronto, un médico de guardia se haría cargo. Pero por suerte eso ya no fue necesario. Las enfermeras no podían creer lo fácil y rápido que todo había sido y comentaron que nunca habían visto un parto tan natural. Después nos enteramos de que esa noche siete bebés habían nacido en total en el hospital. Seis de ellos por cesárea.

 

Para aclarar, mi ginecólogo tenía gripa esa noche. Solo por eso había puesto en silencio su celular. En general el Dr. Flores siempre está disponible para sus pacientes y durante mi embarazo me atendió a cualquier hora, por lo que puedo recomendarlo ampliamente.

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